Publicidad:
Terra
La Coctelera

¡ Cuidado, con la salud no se juega...!

Por si acaso...sigan tomando… sus precauciones.

Ha sido comprobado en una investigación científica, q si bebemos más de un litro de agua por día al final de un año habremos consumido mas de un kilo de bacilos coniformes fecales q están diluidos en el agua, ósea un kilo de mierda, en dos palabras.
En cambio bebiendo vino, cerveza, pisco, whisky u otros licores no corremos ese riesgo, pues en el caso de la cerveza, esta pasa por un proceso de hervido, filtrado y luego es fermentado x eso pido q comuniquen a todos los q beben agua q eso hace daño y ha sido comprobado científicamente: el agua es caca, el alcohol es salud.
Por una vida libre de mierda, prefiero el trago!!! Quien tenga conciencia va ha llegar a la conclusión q: es mejor tomar cerveza y hablar pura mierda, q tomar mierda y no decir nada....reenvía esto a tus amigos con cierta tendencia alcohólica para q sepan q están bien, o bien a los q beben agua y paren de consumir mierda...
Su amigo q los quiere mucho.

Ildekowski.
FOTOS: cortesía de www.lanzadera.com/bukowski/ y www.mundoalterno.com/decimas/ncolaboracion/miguel_ildefonso_poemarios.htm
Véase la cerveza un aliado en la lucha contra el cancer y el alzheimer www.lacoctelera.com/andalucia

The Rolling Stone en el Hotel Bolivar, Lima,1969. *

LO MALO QUE SOY
Si Mick Jagger es visto increíblemente doblado en dos, desdibujado y psicodélicamente doblado en dos es porque se droga. Porque Mick Jagger se droga, se trompea, se ve encarcelado. Porque él es parte de los Rolling Stones, y ellos son terriblemente malos... son hasta crueles. Las carátulas de sus discos suelen mostrarlos como a una pandilla de forajidos. Los "Hijos de Diciembre" (título de uno de sus discos más populares) tienen fama de ser tan duros como las letras de sus canciones. Y claro, con un ritmo que siempre tuvo mucha más "garra" que el de los Beatles. Escándalo en casa de un paliducho noble inglés, golpes en el cráneo a las tres de la mañana, la imagen de los Rolling Stones es un fenómeno perfectamente elaborado: los Beatles son los "cultos", los cantantes negros como Jimi Hendrix son los "rítmicos", las siempre un poco regordetas cantantes inglesas son las "dulces" y los Rolling Stones ("¿Has visto a tu mami, corazón, parada entre las sombras...?") han sido siempre los "violentos", los que a pesar de los millones que iban entrando, o a causa de ellos, se convirtieron en los intransigentes niños de la luz que se negaron a sublimarse como sus más afortunados compañeros de gloria, y lo pagaron con una serie de temporadas en las cárceles de la Gran Bretaña.

O así por lo menos nos lo decían los titulares que invariablemente aparecían: "Rolling Stone acusado, Rolling Stone citado...". En Londres, la capital del mundo ficticio, donde las tiendas abren un día, cierran el otro y la mercadería es repartida entre los afiebrados espectadores (¿Ud. No los ha visto chillando en los noticieros?), allí se generaron, prosperaron y triunfaron los Stones, piedras rodantes que se renuevan al ritmo de una juventud inglesa que desconcierta al mundo tanto como la nueva juventud china, con sus vestimentas extrañas para un pueblo como nosotros, donde aún puede verse un terno antiguo de a verdad o una bragueta a legítimos botones, comprada, quién lo sabe, en una ropavejería de los barrios altos; una juventud que ha logrado crear un mito que le permita desconectarse de los sucesos reales de este mundo: la originalidad (lo original justifica lo decadente, lo original justifica lo irresponsable de una alegre generación que hace almohadas de los líderes políticos y logra -a través de la originalidad- una especie de vínculo sin responsabilidad con los serios problemas mundiales).

Y los Rolling Stones ¿para quién cantan? Mil veces se ha dicho que para los jóvenes, y la gente tiene razón. En un país donde en apariencia los problemas se han reducido a un antagonismo entre viejos y jóvenes, donde las clases bajas se contentan con seguir los pasos de la aristocracia, siempre a la medida de su presupuesto, a los Rolling Stones, así quisieran, no les quedaría sino cantar para la juventud. Y es para ella que cantan. Eso es todo.

A la una de la tarde caminábamos, Jesús y yo, por uno de los lujosos corredores del Hotel Bolívar. Silencio. Elegancia de la que trajo la Peruvian Corporation y los finos comerciantes ingleses que se instalaron sobre pulidos mostradores de madera, elegancia como para que Meiggs* pasara dando un brinco de un momento al otro (trayendo la cosa un poco de los cabellos, se podría pensar que con excepción del Príncipe de Gales, los Rolling Stones son lo más "ilustre" que ha caído por aquí desde el tiempo del ingenioso Meiggs, quien rifó una casa entera de Santiago o Valparaíso, vendiendo los boletos hasta en China).

Los músicos, que no son sino dos de cinco, se alojan en el 428 y en el 430. ¡Y entonces vimos a un Rolling Stone!

—No me molesten. Estoy tomando desayuno y tengo a una mujer en el cuarto. Francamente, lo que quiero es bañarme y no hablar con un par de periodistas. Ya han habido varios gatos como ustedes arrastrándose (sic) por aquí. así que váyanse y vuelvan dentro de media hora.

—Pero oiga usted, no sea tan malvado...

—No soy malvado —chilló (un Rolling Stone es siempre un Rolling Stone)—. Lo que pasa es que todo el mundo me busca y la chica (una chica es siempre una chica) ya se está cansando.

Así fue la historia del 430. Pero hay otro cantante del conjunto en el 428. Nos hace pasar. Foto. Explica que está empacando. Foto. Empieza a doblar unos trajes morados, celestes y amarillos, unos ternos naranja, gris y verde menta, unos pantalones látex guinda con rayitas azul Prusia y terracota, etcétera... Éste es el brillante vocalista del grupo, el hombre que cantó "no puedo conseguir satisfacción". Éste "Rolling Sotone" (sic), como dijo algún periódico con toda la derecha del mundo, es Mick Jagger, un hombrecito simpático que tiene el rostro tan fino que tranquilamente podría pasar por una muñequita simpática, con el pelo increíblemente largo y con el labio inferior constantemente caído, como si el hombre volviera a diario de una batalla. Mick es considerado por mucha gente (por los autores de esta nota, por ejemplo) como el mejor vocalista de todo el movimiento musical inglés, y en su propio mundo, es el cantante más combativo (Cárcel, cárcel, cárcel...), un tipo de rostro dulce y expresivo que dijo que venía al Perú porque le gustaban los indios, que no era sino un turista más, con la salvedad de que no pensaba recorrer diecisiete países en un solo día, como había oído que suelen hacerlo los turistas. Hemos leído, ahora venimos a ver, dijo, y siguió empaquetando unas prendas perfectamente inverosímiles.

—Estamos a favor de Fidel Castro, pero aún tenemos que ir a ver Cuba para ponernos de su lado completamente. Nuestros dos principales planes para Sudamérica son ver al indio y visitar Cuba, donde esperamos poder entrar en algún momento de nuestro tour.

Y luego nos habló del Swinging London, que según Mick se acabó, murió, no existe. Ahora la gente se empieza a preocupar de problemas más importantes. Los Beatles atacan a Mao en una canción**, los Stones se declaran a su favor. Se han agotado los grandes fuegos artificiales y la gente está buscando cosas algo conectadas con la realidad (aunque Jesús jura haber visto una pipita extraña entre las manos de Keith Richards, el Rolling Stone que no se entrevistó).

—Lo que sí hemos podido captar es que el indio está muy atrasado —calculó unos 1500 años—; y que sus principales problemas son el capitalismo yanqui y la oligarquía. Nosotros hemos a ver al indio porque nos gustan los indios. Y ahora queremos oír la música de los Andes —¿Pincullos y pasacalles psicodélicos? ¿Bailarán las ancianas veraneantes de Miami nuestro Folklore? ¿El pututo electrónico? ¿La zampoña mecánica?—.

Mick Jagger empaqueta sus cosas para partir al Cuzco y nos cuenta de las cosas importantes de la vida: aparentemente el hotel se niega a darles almuerzo y Mick se dispone a llamar a la embajada de su país.

Y luego pidieron un auto y fueron echados del Hotel ¿O no? Dejemos la cosa así. Un hombre tiene que creer en algo en esta vida, y siempre es mejor conservar la imagen de los Rolling Stones, una embajada extraoficial que conmovió a la ciudad con sus escándalos, que pensar que estuvieron de paso dos muchachos tranquilos que pagaron sus cuentas y tranquilamente se fueron a ver Machu Picchu como todo el mundo.

De todas maneras, el prestigio del desprestigio es una realidad.

Referencias.

*Henry Meiggs: empresario inglés que construyó el ferrocarril central en el Perú, el más alto del mundo.

**"Revolution", lado B del Single "Hey Jude" y "Revolution #1", del álbum The Beatles (más conocido como El Álbum Blanco). Lennon & McCartney, Apple, 1968.

El tema que escuchan es "Under My Thumb", de Jagger y Richards.

*Cortesia y más de los Rolling Stone en www.geocities.com/cacaorock/revisiones/revrollingstonesenperu.html

COMPARTIENDO CON HORACIO QUIROGA

"No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si entonces eres capaz de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino" H.Q.

LA GALLINA DEGOLLADA*
Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.
El mayor tenía doce años, y el menor ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo: ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?
Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.
Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.

—¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.

El padre, desolado, acompañó al médico afuera.

—A usted se le puede decir; creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.

—¡Sí...! ¡sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que...?

—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar bien.
Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.
Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente amanecía idiota.
Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!
Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.
Mas, por encima de su inmensa amargura, quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más. Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.
No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba, en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.
Iniciáronse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.

—Me parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos— que podrías tener más limpios a los muchachos.

Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.

—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.

Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:

—De nuestros hijos, ¿me parece?

—Bueno; de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.

Esta vez Mazzini se expresó claramente:

—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?

—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo...! ¡No faltaba más...! —murmuró.

—¿Qué, no faltaba más?

—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.

Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.

—¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.

—Como quieras; pero si quieres decir...

—¡Berta!

—¡Como quieras!

Este fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.
Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complacencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.
Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo.
No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición, es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.
Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban casi todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia.
De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.

Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.

—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces...?

—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.

Ella se sonrió, desdeñosa:

—¡No, no te creo tanto!

—Ni yo, jamás, te hubiera creído tanto a ti... ¡tisiquilla!

—¡Qué! ¿Qué dijiste...?

—¡Nada!

—¡Sí, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!

Mazzini se puso pálido.

—¡Al fin! —murmuró con los dientes apretados—. ¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!

—¡Sí, víbora, sí! Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!

Mazzini explotó a su vez.

—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!

Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto hirientes fueran los agravios.
Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.
A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.
El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar frescura a la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación... Rojo... rojo...

—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.

Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aun en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuando más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritado era su humor con los monstruos.

—¡Que salgan, María! ¡Échelos! ¡Échelos, le digo!

Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.
Después de almorzar, salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires, y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron, pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse enseguida a casa.
Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.
De pronto, algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero faltaba aún. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.
Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio , y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.
Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana, mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie, iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente, sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.

—¡Soltáme! ¡Déjame! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.

—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.

—Mamá, ¡ay! Ma... —No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.

Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oír la voz de su hija.

—Me parece que te llama—le dijo a Berta.

Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Bertita a dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.

—¡Bertita!

Nadie respondió.

—¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.

Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.

—¡Mi hija, mi hija! —corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.
Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:

—¡No entres! ¡No entres!

Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.

* Tomado de: "Cuentos de amor, de locura y de muerte", Abril de 1917.
Ver: Escarnio, un cortometraje de Raúl Cerezo, basado en La Gallina Degollada de Horacio Quiroga.
Galeria de fotos de Horacio Quiroga.

EL AMOR ES ETERNO HASTA QUE SE ACABA

De pie y recostado en uno de los tantos faroles que ilumina la Pileta de los Deseos, releía el Epistolario de Vallejo, en tanto la esperaba. Al rato se detuvo en frente un Tico amarillo y al verme parado allí bajó del coche y con pasos cortos se acercó cruzada de brazos protegiéndose del frío de otoño. Tenía puesto un traje de Corduroy de color pastel y una cartera con bordados puneños repleto de libros colgaba en su hombro. Nos saludamos apenas con la mirada y un consabido hola, hola.

Entramos al Kachito`s de comida rápida que está en la esquina de Conde Superunda, allí al costado del Palacio y ocupamos asientos separados en una mesa, cara a cara. Medité las palabras decenas de veces para no sollozar, pero la tristeza ganó y se apoderó de los recuerdos mutuos. Su sonrisa desafiante esperaba que le dijera algo. Estaba intrigada y defensiva pues le increpé por el teléfono. Lo que le dije fue duro, certero, hiriente y terminal. Encargué a la moza dos botellas de agua y vasos.

Le pregunte sobre los giros de su vida. Y ella muy resuelta aboga por su libertad. Evocamos las miserias y aquellos momentos indecentes y violentos que nos ha tocado vivir y que han marcado terriblemente nuestras almas. No pudimos contener las lágrimas. Y fue cuando nos dijimos la última palabra de amor: perdí a C. y yo a M.

Bebimos casi medio litro de agua, una Coca Cola pequeña y compartimos parte de un Pollo a la Brasa. Seguimos conversando de cosas caseras como atenuando el dolor, le mostré una vieja fotografía de aquellos tiempos de breve y efímera primavera, cuando pose para ella sentado en la ribera del río hablador, entonces saqué del bolsillo izquierdo del saco un viejo mutilado diario personal y anoté el día.

Al rato salimos hacia a la Plaza Mayor, donde destaca la Fuente de Bronce, que a lo largo de su altura sostiene dos fontanas coronada por una estatua del Ángel de La Fama, que lleva un clarín en la mano izquierda y, en la derecha, una bandera con las armas de la ciudad de Lima y las del Rey de España. Este alado se entretiene soplando melodías para su amigo eterno don San Cristóbal y los gallinazos cabecinegra aletean sus plumiferos brazos de luto en son de aplausos desde el campanario de la catedral. Mientras rondamos el hontanar rozaba con las yemas, como un rosario, las cadenas que la protegían. De pronto reanimé y la abracé con ternura y rodaron más lágrimas por el último adiós.

Llegamos hasta Carabaya y Huallaga. Al frente la Catedral de Lima, una enorme arquitectura colonial iluminada desde su base, adorna la noche. El paisaje nocturno de luces en la ciudad crea una atmósfera fantástica, es un remanso encantador de una época pasada, copado de incomparables monumentos artísticos. Nuestra conversa es diversa y calmada.

Retornamos al paradero paseando por el contorno de la plaza rumbo al viejo Puente de Piedra del jirón Trujillo y como antaño el río Rimác fué testigo que la abracé por última vez.

El Agustino 06 de marzo de 2006.

Conociendo el secreto de Poe en una tumba de cemento

La sociedad, tal como la hemos constituido, no tendrá sitio para mí ni lugar alguno que ofrecerme, pero la naturaleza… tendrá huecos en sus rocas donde pueda esconderme. Oscar Wilde.
A mi amigo Lucho “El Cajonero”

Espero que este año nuevo y los venideros sean para ti y para cada uno de mis amigos tiempos de mayor optimismo, alegría y esperanza.
Por mi parte me encuentro bien de salud y concentrado en mínimas tareas de sobrevivencia: comer, cagar y dormir. Habitamos en un modelo novísimo de celda tumba. Adicionalmente estoy escribiendo y leyendo casi las 24 horas de encierro, me imagino estar sentenciado a perpetuidad sólo por el lápiz y el papel.
Estoy leyendo a J. R. Ribeyro: una persona sin amigos corre el riesgo de no llegar jamás a conocerse. Te comento que escribí un relato sobre la faena mórbida de los lechuceros de Lima, acerca del oficio de agente fúnebre y por supuesto tuve que recrearlo con la cotidianidad de tu modesta profesión de carpintero y vendedor de ataúdes y mortajas. Ya envié en secreto una copia del relato a casa, el manuscrito original lo conservo con recelo en mi viejo cuaderno de “Misceláneas, literatura y otros discos” de hojas cuadriculadas.
También estoy revisando las Historias Extraordinarias de Alan Poe. Aquí el vate ha escrito una porción de relatos misteriosos, mórbidos, alucinados y fantásticos como El Gato Negro, La Mascara de la Muerte Roja, El Cuervo, Los Crímenes de la Rue Morgue, El Barril de Amontillado y otros. Éste ha sido uno de los escritores más atormentados y por eso influyente en la literatura universal como el maestro de lo macabro. Sus cuentos y relatos son parte de la Antología de Literatura Norteamericana. Fue predilecto en escribir sobre la mujer, la muerte, lo macabro y lo patológico con grandes dosis de misterio. Sus relatos reflejan el sufrimiento y el dolor de su vida enferma. Se sabe que ingreso a los 17 años a la universidad, pero no concluyo los estudios. En noviembre de 1845 en uno de los episodios más oscuros de su biografía, Poe intenta suicidarse. Finalmente en octubre de 1849 recala en Baltimore, donde se viven intensas jornadas de ambiente electoral. Captado y emborrachado por agentes de alguno de los partidos en disputa, en lo que no era más que una aberrante práctica contemporánea para conseguir votos forzados, Poe es abandonado famélico, sucio e inconciente por el opio. Es ingresado en el Washington College Hospital de Baltimore, donde agoniza postrado en la cama, llamando a "Reynolds", e incapaz de recuperarse de su traumática experiencia, padecía de delirius tremen. Triste y solitaria muerte para un curtido, atormentado y genio escritor.
Confieso que la lectura de El barril de amontillado me contagia secretamente de alucinaciones afines a la venganza justa, pues trata de cómo un hombre lleva engañado a otro hasta su propia tumba. El motivo simple “…hay ciertas cuerdas en el corazón, incluso en los más temerarios, que no pueden tocarse sin sentir emoción. Aun entre los mas descarriados, para quienes la vida y la muerte son igualmente pura chanza, hay cosas con la que no se puede jugar o bromear.” Pues “…había soportado lo mejor que pude la mil injurias de Fortunato, pero cuando se atrevió al insulto juré vengarme vosotros, que también conocéis la naturaleza de mi carácter, no llegarais a suponer que yo le comunicase ni una sola palabra acerca de mi propósito. A la larga me vengaría…”
En la actualidad lectura de Poe, es aprovechado por quienes se asoman al estudio de la psicopatología y la psiquiatría en el afán científico de investigar las enfermedades mentales, el comportamiento, el pensamiento y la personalidad del hombre desde la literatura producida por los propios enfermos. Una clara muestra de esta afirmación es que después de más de 150 años de escritas sus historias aún siguen vivas como el día en que las escribió. Quizás tanto éxito se deba al hecho de que sus historias reflejaban oscuros momentos de su vida y a que no se dedica a crear el terror basándose en monstruos, sino que trabaja con el terror psicológico, el peor enemigo del ser humano.
Te cuento que ayer por la tarde hubo un desfile femenino por el corredor que atraviesa las tumbas bipersonales, tuvimos la visita de un grupo de mujeres norteamericanas vestidas de monjas todas serias y de buen porte, sospecho que eran agentes de la CIA, pues pasaban unas y repasaban otras de cubículo en cubículo como buscando a alguien mientras entregaban panetones, ropa, medicinas y filmaban con sus diminutas cámaras todo el reciento, las jaulas y la actividad mínima de cada uno de sus ocupantes. Solo algunas muy cariñosas ofrecían la mano blanca en señal de saludo por la navidad y nosotros en cortesía entonamos La Internacional.
Acaba de llegar un nuevo prisionero y comenta que lo cargaron de su chamba de vigilante del Hospital Bravo Chico, vive por La Parada y afirma conocerte: - Sí lo manyo, es un flaco pelucón que trabaja con su viejo en la Funeraria DobleSilla, claro a ellos yo les pasaba por lo bajo la relación de los fallecidos y por supuesto previo arreglo en cash…
Mañana jueves por fin habrá una visita especial de nuestros familiares, luego de estar más de tres meses en aislamiento total, pero con inteligencia de a poco iremos rompiendo el cerco y en eso ya tenemos experiencia.
Es todo por hoy camarada, seguiremos en contacto por este mismo canal.
Saludos efusivos para los amigos de siempre.
Penal de Canto Grande, diciembre de 1994

7 DIAS DE AÑO NUEVO EN UN HOTEL DE CANTO GRANDE*

Este relato breve trata de la vida carcelaria de los presos políticos en el Perú, durante los años del fujimorato y fue registrado minuciosamente día tras día en un diario personal del autor.
ENERO/95

1 DOM
Este día de año nuevo es uno de los mas fríos y tristes que paso en Canadá. Ni los sapos verdes de los torreones han hecho bulla con su metrallas por la llegada del año nuevo y los pocos disparos no fueron suficiente como para animar los primero minutos del año 95. Tampoco nosotros hemos festejado como el año pasado, que se cantó – hasta en ingles- toda la madrugada. Quizás se debe a que no hubo tragos con que lijar y remojar la garganta. Voy hacer un trabajo de filigrana para el tío Huaraca, será un payaso infeliz.
2 LUN
Ahora estamos saliendo al patio por la mañana a partir de las 8.00 a.m. y esto me obliga a levantarme de la tarima relativamente más temprano. A veces hace frió intenso, garúa y eso desanima, es pescar un resfrió. Los muchachos ya juegan su fulbito. Hoy he amanecido con ganas de empezar el trabajo de filigrana de Huaraca. Tengo planeado para hoy cortar, clavar y lijar el cuadro.
5.00 p.m. Terminé de colocar el velur al cuadro. Ya calque el modelo de payaso que pienso trabajar. Sigo leyendo las Historias Extraordinarias de Poe, El colorado de Tumbes me acaba de pasar un diccionario mediano, es un Rances del 83. Voy a devorarlo y sacarle el máximo provecho a este empastado verde.
3 MAR
¡Pucha! Todavía no me acostumbro al nuevo horario de patio, como salimos temprano ya parece mas tarde y es como si no se hubiese salido durante todo el día. De las 24 horas de encierro en la tumba, sólo podemos salir a caminar 30 minutos y en grupos de 5 personas. Ya voy clavando el entorno de la figura del payaso. Será el primer trabajo que realizo. Por cierto tengo allí tirado en la bolsa de viaje 10 pares inconclusos de pendientes, el recontra infeliz que lo encargó no trae las piedras y gemas requeridas para el acabado. Hoy en la tarde se llevaron las Narraciones Extraordinarias de Poe y piña pues aun no lo había acabado de leer. Acabo de discutir con el cholo Huaralino por la carcocha. Los mil ojos y mil oídos informan que en el pabellón 4 A se han maleado cortando los barrotes. Cantan que se venia una goleada brava, pero yo no atraco esa posibilidad, dadas las características de infraestructura y el tipo de custodio que campea en el hotel.
4 MIE
Hoy hace un frió intenso y sigue garuando. Todos salimos de mala gana al patio y nadie se anima a iniciar el acostumbrado fulbito, los muchachos han preferido caminar en círculos charlando sus cuitas. La nota de los barrotes cortados ha puesto en tensión a todos los huéspedes de Canto Grande. La Guardia está raqueteando sorpresivamente y a cualquier hora del día las celdas vecinas de donde me hospedo, en el tercer piso del pabellón 3A. Pero felizmente no han localizado la boca del chancho Barru, pues de lo contrario, nos hubieran aplicado la multa a todos los alojados. Aun no llega el reemplazo de Poe que fatal. Ojala llegue algo de carne. Hoy nuevamente salió la gente al tópico del hotel, desde hace dos semanas estaba suspendido el servicio. He apodado al gordo Olimpo Panteón II. Estoy trascribiendo en hoja nueva Los Lechuceros, seguirá la corrección. Nos informan que a los curas los han cuestionado los polis y les han prohibido el ingreso de encargos y compras para los presos. Por la tarde durante la siesta soñé a Rosa, estaba en mis brazos hasta que Carmen descubrió, al despertar, me dije: ¡Es la censura!
5 JUE
Hoy hice la primera visita al psicólogo. Ya abajo en el gallinero me tope con el profe Vásquez, también psicólogo y juntos fuimos al tópico a visitar a otro loco. En la mañana vinieron los abogados del cura Hubert Lansieer y llamaron a Tumbes y al Cholo Jean Pierre. Acaba de llegar desde la biblioteca don José Maria Arguedas y sus Zorros de arriba y zorros de abajo, su ultima y póstuma novela. Hoy se levantó el hechizo de la luz ¡y se hizo la luz! El tío Huaraca ha construido un electrodo que saca 4 litros de agua hervida en 5 minutos.
6 VIE
Por fin vino Raquel y fue una brava. Cayeron los clavos picadores, los paisanos, los limones y otros demonios. A mí me pelaron el alicate y el pez martillo, pero felizmente los recuperé. En un momento de audacia lo tercie al requisador y lo recogí. Éste cometió la estupidez de dejar el botín en un lugar de fácil acceso a nuestras manos. En mi habitación también hubo bajas cayeron los alambres conectores, el electrodo hervidor y hasta este pequeño diario anónimo, tuve que pagar un rescate al agente que lo encontró. Pero se llevaron el antifaz que tenia en caleta. En resumen se libraron la carcocha, el alicate y el pez martillo. Los zorros de don Arguedas están bien movidos e interesantes. Buen sustento expuso en No soy un aculturado a favor de escribir por el puro placer y no por el billete. Palo para Julio Cortazar. Chao.
7 SAB
Hoy cometí la primera gran estupidez del año. Me explayo: como ayer sucedió lo que conté, decidí aprovechar la ocasión para disfrutar de la chillona y pucha saqué el aparato radial del escondrijo e improvise una antena parabólica consistente en 2 tapas de olla unidos por un cable y que bien capta la señal en FM. Todo estaba bacán, hasta que un descuido de mi parte y de los vigías me sorprendió el sapo verde de turno, era un PNP asqueroso alias el gordo. No tuve otra opción que entregarle la nena al agente Goñez. Quise arreglar la situación con un rescate económico, pero el cochino simulo ser honesto. Al rato volvió con el cuanto de que su superior el Alcaide le había quitado el aparato sonoro y se deschavo diciendo: ¿Cuánto vas a dar concientemente? Le mostré una mano, pero no lo convenció la oferta y se marchó. El cholo está con la jeta colgada y tiene razón no hay música ni noticias del exterior, ósea estamos totalmente aislados, pero además incomunicados.
BREVE GLOSARIO DE TÉRMINOS
1. Antifaz :Sinónimo con que se disfraza a la revista Caretas. Debido a que estaba prohibida la circulación y lectura de revistas y diarios de actualidad política entre los presos.
2. Boca del Chancho Barru: Nombre que recibía el agujero que un preso común de apellido Barrutia, hizo al cortar unos barrotes de una ventana y por el cual cualquiera podía ingresar a la tierra de nadie, espacio vacío que separa al pabellón 3 A del pabellón 2 B, para contactar y comerciar con los presos comunes.
3. Canadá: Sinónimo de la palabra cana y significa cárcel.
4. Carcocha: Aparato viejo de radio transistor.
5. Chillona: Adjetivo femenino con que nombra a un aparato de radio en miniatura de alto volumen.
6. Clavos picadores, paisanos, limones y otros demonios: se refiere a los materiales de trabajo punzo cortantes: clavos de acero, alicates, destornilladores, serruchos, arcos de sierra, martillos, limas y hojas de cuchilla de acero, todos útiles para la labor de tallado y escultura en huesos, grabados en conchas de choros, caracoles y cofres de madera en miniatura pirograbados con alusiones revolucionarias. Todo este material siempre era incautado sin justificación por los agentes policiales, ocasionado perdidas a los artesanos.
7. Gallinero: se denomina así al espacio enrejado de malla metálica que sirve de antesala de espera para ingresar al pabellón de internos.
8. Goleada brava: nombre con que se conoce y se corea entre los presos cuando se produce una fuga exitosa.
9. Nena: Adjetivo femenino afectivo con que se nombra al aparato de radio, pues sólo a través de éste se podía –debido al aislamiento- oír la voz femenina.
10. Raquel: Nombre femenino que indica entre los presos una requisa policial.
11. Raqueteando : Acción violenta y sorpresiva de requisa policial.
12. Sapos verdes : Adjetivo que se usa para nombrar a los agentes policiales de los torreones de seguridad cuyos uniformes son de color verde oliva.

* Fragmento tomado de LA MEMORIA EN LA AGENDA DE BOLSILLO de MVO
El Agustino, 15 de setiembre del 2005

LA NOCHE BUENA EN UN HOTEL DE CANTO GRANDE

Este relato describe la cotidianidad de la vida carcelaria de los presos políticos del Perú, que pervivieron en el Penal de Canto Grande, en Lima, durante el régimen del dictador y vende patria de A. Fujimori (1990-2000). Fue escrito meticulosamente día tras día en la sombra a modo de un diario personal en una agenda de bolsillo.
Viernes 23
Durante la mañana hubo recreo por el Jirón de la Unión (1). Pero no Salí, dormí hasta tarde, pues hace dos noches que estoy en desvelo escribiendo un sin numero de cartas para mi chica CMH y para Lumenor. Tengo un molesto escozor en los ojos, me asomo al pedazo de vidrio que nos sirve de espejo y descubro que están enrojecidos. De inmediato volví acostarme para una cura de sueño.
La gente está ansiosa por la cercanía de las fiesta de fin de año y recorren los pabellones comprando, vendiendo e intercambiando sus productos de artesanía en cuero, tallados en hueso y madera, aretes con adornos de piedra, carteras, sombreros y barquitos de junco, grabados de amor en conchas de choro, cuadros de filigrana, dibujos al carboncillo y acuarelas de épicas batallas…, y por supuesto también se negocia botellas de licor “chicha” de arroz, cerveza en lata, cigarros, pisco, ron, etc.
Ayer vino Jerry, el tombo amigo, trayendo a vender chatas de Ron Cartavio a 15 monedas de sol. Tuvimos que hacer una junta con el Cholo Canto para poder comprar una petaca, ésta la reservamos para la gran celebración del 26, también en zona de la Tierra de nadie tenemos bajo tierra 30 litros de chicha casera.
En la tarde empecé a escribir una carta a Lumenor y en ella un relato de las correrías sexuales con mi amiga y enemiga Esperanza, la Loca.
Trato de conciliar el sueño tirado en la tumba y recuerdo cuando fuimos amantes en la adolescencia y en el lecho de amor nos descubrió el tío Alejo.
Sábado 24
Por fin se fue en libertad el Chato Zamora, el Chuquichaqui. Por navidad hubo “mejoramiento de paila”. El desayuno del día varió, no fue té y pan, sino cocoa y biscochos flacos. El almuerzo fue un exquisito y sabroso Seco de carne de canguro. El Cholo Canto esta friendo un trozo de carne seca de llama, un pariente se lo envió por encomienda desde Cusco, él detesta comer canguro.
Casi al anochecer, a las 6.25 p.m., llegó el cura Carlos a saludar a los muchachos recién llegados, a quienes les denominan los "proseguir" de Feliciano.
11.59 pm. Tengo en los audífonos a Paúl Simón & Garfunkel con El Graduado. Sigo leyendo las macabras Historias Extraordinarias de A. Poe. Puta madre ya es medianoche y no puedo conciliar el sueño presiento que el encierro ya pesa sobre mi. Tampoco puedo disfrutar del audio porque los disparos de metralla y fusil enloquecen a los tombos que a veces se les da por joder y dirigen sus cañones hacia las ventanas de la buena vecindad.
Los muchachos del 2B están en pleno jirón entonando cánticos cristianos de navidad. Sólo a los reos comunes se les permite desplazarse por los pisos del pabellón y éstos van saludándose con efusivos abrazos, mentadas de madre, sapos y culebras. En cambio los parias aislados en la rotonda y los pelícanos que yacen por el suelo y los desagües del penal están tristes y envilecidos de seguir vivos un año más. Desde mi oscura tumba de cemento tengo ganas de gritar: ¡cállense carajo! Tanto jaraneo que no puedo concentrarme ni disfrutar el sonido radial de Doble 9. Estoy escuchando I Wild de Radiohead.
Domingo 25
12.40 am. Estoy tirado y estático sobre un colchón de espuma en el piso de la celda. De pronto me rodean imágenes del pasado cuando fugaba de casa durante las noches acompañando a los muchachos de La Banda Viajera (2) en las travesías sin retorno a casa ni a la cama tuviendo pasar muchas madrugadas dormitando acurrucado y tiritando en los bancos de cemento en los parques de Zarate. Me siguen invadiendo recuerdos tristes y alegres, proyectos de vida e ideas tontas, ilusas, pero no imposibles, como la posibilidad de traspasar trepando los muros o imaginariamente salir inadvertido de este recinto. Ya son cuatro navidades que disfruto de hospedaje en este Hotelito de Canto Grande (3). Para esta noche buena estamos preparando un suculento Lomo Saltado con Atún y estamos provistos de algunos tragos, cigarros y muchos deseos de pasarla cantando y relatando anécdotas a los colegas de celda. Les conté que la primera navidad que pase en aquí, fue en el antiguo pabellón 4B en la Luminosa Trinchera de Combate (LTC) (4), allí donde el 6,7, 8 y 9 de mayo se hizo la Resistencia Heroica (RH) (5) durante cuatro días y 5 noches y se produjo alrededor de 42 ejecuciones extra judiciales de presos políticos rendidos a manos de los mercenarios de El Grupo Colina (6).

La noche del 24 de diciembre del año 91, alrededor de las 11.50 pm nos congregamos algunos amigos en la cabaña de los conejos de la Tierra conquistada (7), con quienes compartimos la membresía de ser sanmarquinos. Estuvieron presentes los muchachos de la Facultad de Psicología, el cc. Rómulo acompañado de su concubina, el cc. Rodin, este escribano, el profesor Heraclides de la Facultad de Matemáticas, los rockeros criticados de la Facultad de Derecho y los zampoñeros indigenistas de Educación. Teníamos la intención de replicar la celebración de noche buena. Se preparó abundante café y se compartió grandes tajadas de panetón elaborados en la mini panadería que construyeron los habitantes del 4B. Este acto de celebración en prisión revela que en los hombres, aún en los más temidos y revolucionarios perviven antiguas costumbres y tradiciones
LUNES 26
Le tocó turno a un carcelero agrio y verde. Por tanto no habrá jirón durante el día. Hoy los presos políticos de las LTC de esta parte del planeta celebran con júbilo el 101 aniversario del nacimiento de Mao Tse Tung. En la noche a las diez en punto cada revolucionario desde su celda aunará su voz y al unísono y en coro sus almas elevadas traspasaran los extramuros de la prisión.
MARTES 27
Está de alcaide el paisano del viejo Trebejos y nos ha comunicado que hoy no tendremos salida al patio, pues la Dirección del penal ha dispuesto castigar con aislamiento a los internos que estuvieron cantando en la madrugada himnos revolucionarios, huaynos subversivos, canciones de protesta, trovas, cumbias y hasta música chicha.
Tengo en el bolsillo del saco un billete de 20 soles, producto de la venta de un cuadro de hilos al cura Carlos. Tenia pensado pedir otra chata de ron, pero decidí reservarlo para comprar un mini radio para celebrar con música variada el nuevo año y el aislamiento de 15 días.
Canto Grande, diciembre 1994.

REFERENCIAS:
(1) Jirón de la Unión: Es el pasaje que existe frente a las celdas, es un corredor aproximado de 30 metro de distancia y permite al jironero transitar, caminar, saludar, visitar y comerciar con los vecinos. Se asemeja al Jirón de la Unión o Mercaderes del Centro de Lima.
(2) Así fue la palomillada a fines de los 80s / La Banda Viajera:
http://peru.indymedia.org/news/2005/12/23060.php
(3) Una Semana de Año Nuevo en un Hotelito de Canto Grande: http://peru.indymedia.org/news/2005/12/23058.php
(4) Las Luminosas Trinchera de Combate-LTC:
http://www.andes.missouri.edu/andes/Comentario/JLR_VoluntadIntro.html http://www.uoregon.edu/~caguirre/renique.pdf.
Rénique, José Luis. La Voluntad Encarcelada: Las 'Luminosas Trincheras de Combate' de Sendero Luminoso del Perú, (IEP) Instituto de Estudios Peruanos, Lima, Perú, 2003.
(5) La Resistencia Heroica-RH: http://www.librodenotas.com/almacen/Archivos/001477.html#001477

(6) El Grupo Colina:
http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20VII/Casos%20Ilustrativos-UIE/2.68.%20Penal%20CASTRO%20CASTRO.pdf. http://www.congreso.gob.pe/biblio/pdf/desco/rs1246.pdf http://www.derechos.org/nizkor/peru/doc/fujchl22.html
(7) La Tierra Conquistada: Se denomina así al espacio libre de terreno que existe en forma de delta entre un pabellón y otro. Antes de ser “conquistado” era un basural, luego fue tomado por los presos y construyeron allí biohuertos de vegetales comestibles, criaderos de cuyes, conejos y palomares.

El Agustino, 08 de diciembre del 2005
* Fragmento tomado del libro inédito LA MEMORIA EN LA AGENDA DE BOLSILLO.

EL PRINCIPE *

Que triste fue decirnos adiós /Cuando nos adorábamos más / Hasta la golondrina emigró presagiando el final / Que triste luce todo sin ti / Los mares de las playas se van /Se tiñen los colores de gris / Hoy todo es soledad / No sé si vuelva ha verte después / no sé qué de mi vida será / sin el lucero azul de tu ser que no me alumbra ya. El Triste.
Habían pasado tres meses desde aquella mañana en que me fui de guardafrenos del tren de la Southern Pacific, rumbo a California. Allí, luego de que me despidieron de los trenes, me dediqué a recoger algodón. Durante todo ese tiempo no había bebido casi nada. El trabajo era duro y la comida mala. Y cuando las cosas son así, no tengo acción para emborracharme. Por eso es que volví a El Paso, porque sabía que en El Paso ya no iba a encontrar a Claudia, porque lo que quería era por lo menos volver a estar en los lugares donde alguna vez había caminado con ella, lugares que habíamos inventado juntos. Sí, fue muy triste decirnos adiós, Claudia. Por eso me quería dedicar a emborracharme con todo el dinero juntado. Y por eso al otro día de mi llegada a El Paso ya me encontraba en Juárez, caminando por el mercado, con mi jean ancho y sucio, mis zapatos gruesos, mi camisa de franela y el sombrero de vaquero que me acababa de comprar. Me abastecí allí de grifa (mota, marihuana), suficiente para el resto de la tarde y la noche. Caminaba entre prostitutas, entrando y saliendo de «La Flor del Valle», «El Gallito», «El Vaquero», el «Club Pedregal», «Las Piscas», «La Capital», «El Puerto»; bailando con María Félix una de Los Tigres del Norte, con Silvia Pinal otra de la Banda El Recodo, con Angélica María la de Los Tucanes de Tijuana, y al final con Lucía Méndez aquella de Los Rieleros del Norte («Te quiero mucho/ te traigo en mi pensamiento/ mira soy hombre/ yo no pago con traiciones/ Adónde se hallan los juramentos de amores/ que tú me hacías...», le cantaba al oído). Octavio Paz decía que «viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa. Plantado en su arisca soledad, espinoso y cortés a un tiempo, todo le sirve para defenderse: el silencio y la palabra, la cortesía y el desprecio, la ironía y la resignación. Tan celoso de su intimidad como de la ajena, ni siquiera se atreve a rozar con los ojos al vecino: una mirada puede desencadenar la cólera de esas almas cargadas de electricidad.» Estaba en una cantina en el mismo mercado del Centro de Juárez, bebiendo vaso tras vaso de tequila, entre aquellos norteños. Afuera, la tarde no tenía ganas de irse, ese sol buscaba la manera de seguir iluminándonos con todas sus variantes y tonos de colores, ayudado por el viento fresco de las seis. Hacia el otro extremo de la barra había un tipo de unos cincuenta años, con barba de unos días, y el cabello crespo, largo y mal peinado con gel. Se parecía a José José. ¿Y si de verdad es José José?, me dije. Era idéntico, a pesar de esa barba y la cabeza gacha, bebiendo triste en ese rincón. De rato en rato levantaba la mirada a cualquier punto donde no había nada, farfullaba algo y volvía a agachar la cabeza. Carajo, es José José, dije. Entonces se me ocurrió ir a la rockola, echar una moneda de diez pesos y poner tres canciones: «Gavilán y Paloma», «Buenos días Amor » (canción que lo puse más que todo por estar pensando en Claudia) y «Amor Amor». Me senté cómodamente esperando ver algún gesto o actitud que lo delatara. Acabó la primera canción y nada. La segunda, levantó la cabeza, pidió otro tequila y siguió ensimismado. Yo ya me estaba haciendo la idea de que todo había sido una equivocación. Pero vino la tercera y, pobre, supo que lo había descubierto, allí, en aquel antro miserable de la frontera. Me miró desde su rincón y me hizo una señal para que lo acompañe. Con esa voz nasalizada y ronca por el alcohol, me dijo. «Amigo, no sé quién seas tú, pero tú ya sabes quién soy, así que mejor siéntate aquí antes de que alguien más se entere.» Nos acabamos todo el tequila que había, arrasamos con el mezcal, vaciamos el whisky, mandamos a pedir que traigan más tequila. El me decía que venía de un centro de rehabilitación de Los Ángeles, que una mujer que era un ángel lo había ayudado a costear el gasto de aquel centro, pero tal como apareció de la nada se había ido. Yo le contaba de mi Claudita («¿será por eso, por lo que ahora estoy triste?»). Desde chico siempre había soñado emborracharme y cantar junto al Príncipe. Al comienzo no me atrevía a pedirle que cante conmigo, pero luego no fue necesario ni pedírselo. Pepe se puso tan pedo (huasca, borracho) como yo, que ya éramos patas (cuates, amigos). Y, es más, luego de haberle hecho su imitación de aquella escena de su película con Christian Bach (cuando sale al escenario tan borracho que interrumpe la primera canción y dice: «dispénsenme, pero ustedes me merecen muchísimo respeto, no puedo seguir cantando, adiós»; sale del escenario y se cae), hasta me dijo que era su carnal (su pataza, su chocheraza, su brother). «Tengo ganas de cantar, Camilo», me dijo luego de un breve silencio. Yo me eché un seco y volteado, golpeé el vaso en la mesa, lo miré a los ojos, le puse una mano en el hombro y le dije: «Está bien, sólo porque me has caído bien dejaré que cantes conmigo»; él se cagó de la risa. Pero mira, Pepe, le dije, si empiezas a cantar todo el mundo aquí va a saber quién eres. («Tienes razón, Camilo», me dijo). Mejor voy a poner en la rockola unas canciones tuyas, así con tu voz allí y el volumen nadie se va a dar cuenta. («Ok»). ¿Ah, me dejas escoger las canciones? («Órale, güey»). Empezamos con «Lo pasado pasado», luego con «Lo que un día fue no será», y después con «Si me dejas ahora...» Tenía dinero para cantar mil canciones más, tenía ganas de seguir cantando toda la vida, sentado allí, junto a la rockola; aún cuando el Príncipe se había ido, yo tenía ganas de cantar y cantar aún cuando sabía que definitivamente Claudia se había ido.

* Tomado del libro de relatos El Paso (2005) de Miguel Ildefonso (1970)Apolo. Lima.
http://www.geocities.com/elmalhecho4/enlaces/enlaces.html